Intrigas palaciegas
ponen a prueba la salud de la democracia sudafricana. El sistema judicial
sudafricano pone coto a la intromisión del ejecutivo en su campo
de actuación, frenando en seco la utilización del poder judicial
para acabar con la vida política de rivales políticos. Una
sentencia judicial estima que los cargos por corrupción presentados
por la fiscalía nacional contra el candidato a la presidencia del
país del partido ANC, Jacob Zuma, fueron políticamente motivados.
El juez, Chris Nicholson, ha afirmado que el presidente del país,
Thabo Mbeki, presionó al fiscal general para perseguir judicialmente
a su contrincante político, y que los cargos presentados por corrupción
y malversación de fondos son judicialmente infundadosy.
El viernes 12 de septiembre momento elegido para hacer pública la sentencia,
no puede ser más controvertido a menos de un año de la celebración
de las próximas elecciones presidenciales, y primeras para el recién
estrenado candidato presidencial del ANC, Jacob Zuma. La tormenta política
desatada está removiendo los cimientos del partido político mayoritario
del país que cuenta con el apoyo del 70% del electorado, tras la acusación
pública del juez de intromisión política del presidente
del país, y anterior presidente del ANC, en el sistema judicial para acabar
políticamente con su rival de partido. Las voces dentro del partido y
en la oposición pidiendo la inmediata dimisión del presidente del
país, Thabo Mbeki, se han desatado por todo el país, especialmente
en la provincia de mayoría zulú a la que pertenece Zuma.
La enemistad entre los dos políticos del partido ANC es popularmente conocida
entre las filas del partido. Los dos antiguos camaradas de lucha arrastran recelos
y miedos ancestrales que no sólo se nutren de sus adscripciones étnicas
xhosa y zulú. Mbeki, en un esfuerzo por mantenerse en el poder tras ocho
años en él, y ante la posibilidad de verse desposeído de éste,
sólo se permiten dos legislaturas consecutivas, realizó unos movimientos
en falso para cortar el paso a su contrincante de partido más aplaudido
en la corte del ANC, Jacob Zuma. Haciendo uso de los instrumentos institucionales
a su alcance, como jefe del ejecutivo del país, animó al fiscal
general a presentar unas alegaciones por corrupción contra Zuma inmiscuyéndose
en territorio judicial. A su vez Zuma presentó un amparo ante un tribunal
superior por ser procesado por motivos políticos. En el último
capítulo representado en el tribunal superior de Pietermaritzburg ha dado
la razón a Zuma. Empate de momento porque la fiscalía ha anunciado
que está estudiando recurrir la sentencia de este tribunal. Hay que remontarse
a los primeros meses del año 2005 para entender el recorrido judicial
de este folletín, cuando se presentaron los primeros cargos por corrupción
contra, en ese momento vicepresidente de gobierno, Jacob Zuma, ese mismo año
también fue juzgado y absuelto por violación sexual. La carrera
judicial abierta fue recorriendo tribunales de primera instancia y superiores,
acabando con la resignación de Zuma como vicepresidente de gobierno. A
pesar de ser desestimados los cargos por falta de pruebas congruentes, en primera
instancia, la fiscalía siguió insistiendo en sus alegaciones por
corrupción contra Zuma en el 2007, apelando y ganando en un tribunal superior.
En este folletín de intrigas palaciegas por fascículos el sistema
judicial ha demostrado su responsabilidad y compromiso con la defensa de la división
de poderes, espina dorsal del sistema democrático, afianzando la buena
salud de la democracia sudafricana, gracias a la firmeza de un juez. Chris Nicholson
disfruta de una reputada carrera profesional como valuarte defensor de los más
vulnerables, sus acciones profesionales en la judicatura han estado centradas
en representar a las víctimas de la legislación apartheid, luchando
arduamente contra la violación de los derechos humanos en el país.
A pesar de que el juez no ha valorado la inocencia o culpabilidad del acusado
por los cargos de corrupción, sino la legalidad del proceso abierto por
la fiscalía nacional, el fantasma de la corrupción aparece y desaparece
desde la instauración de la democracia en el país. Los casos de
corrupción arrastrados desde la desmantelación del sistema apartheid,
se fundamentan en la partida de gasto público más importante aprobado
por el gobierno sudafricano. Entre los desafíos administrativos impuestos
a la llegada al poder del ANC estaba modernizar el armamento de las fuerzas armadas
sudafricanas, obsoletas tras 11 años de embargo armamentístico
internacional. El gobierno presidido por Nelson Mandela y vicepresidido por Thabo
Mbeki iniciaron un proceso de negociación para suministrar nuevo armamento
al ejercito y modernizar las fuerzas armadas. El cierre de un multimillonario
contrato armamentístico con proveedores extranjeros de más de 2
500 millones de euros para los próximos 10 años, desembocó en
rumores y acusaciones de corrupción y malversación de fondos por
parte de algunos miembros del gobierno del ANC, entre ellos Jacob Zuma, involucrados
en el proceso de selección y negociación del tipo de contratos
con los proveedores extranjeros. La oposición, encabezada por la diputada
del partido Independent Democrats, Patricia De Lille, denunció hechos
de malversaciones de fondos y sobornos durante el proceso negociador y exigieron
comisiones de investigación en los inicios del 2000. El cierre en falso
de las comisiones de investigación y la falta de transparencia en el proceso
del contrato armamentístico ha provocado que acusaciones por corrupción
de miembros del gobierno sudafricano interrumpan estratégicamente en el
debate político nacional.
La última víctima en la lluvia de acusaciones por corrupción
ha sido el mismo presidente de la República Thabo Mbeki quien ha tenido
que oír en el último mes acusaciones contra él por el supuesto
cobro de sobornos durante el proceso de negociación del contrato armamentístico.
La herida abierta por este contrato armamentístico puede acabar siendo
mortal para la sociedad y el sistema democrático del país. Durante
la lectura de la sentencia el juez así lo atestiguo, recomendando la apertura
de una comisión de investigación independiente que esclarezca la
actuación de los miembros del gobierno y funcionarios públicos
involucrados en la negociación de provisión armamentística,
y así acabar con las dudas sobre el nivel de corrupción político
gubernamental que están estigmatizando a la élite política
y al sistema democrático sudafricano.
La ventilación pública de las imperfecciones del diseño
institucional post-apartheid ha puesto sobre la mesa de discusión la clásica
colisión de poderes inherente en el sistema democrático, el fiscal
general sudafricano es nombrado por el gobierno provocando intereses contrapuestos
en esta institución que debe velar por la aplicación de una justicia
independiente y deberse al que le ha nombrado. Thabo Mbeki ha desestimado a su
propio partido y al sistema institucional que ayudó a diseñar.
La caída en picado de Thabo Mbeki iniciada pasado mes de diciembre al
perder las primarias de su partido, fue a su vez el comienzo del despegue victorioso
del controvertido Jacob Zuma. Ahora se suceden las purgas de partido durante
la celebración de las primarias del ANC en las nueve provincias sudafricanas
a favor del ala de Zuma. Sólo el mundo exterior y los juegos de sillas
diplomáticos en Zimbabwe siguen alimentando el ego de un político
herido de muerte.