El 11 de mayo estalló
una revuelta contra los inmigrantes afincados en una de las township (suburbios
en los extraradios de las ciudades) Alexandra de Johannesburgo. Los últimos
acontecimientos en Sudáfrica han llamado la atención
de la prensa internacional, ¿qué está ocurriendo
en el renovado país construido bajo un arco iris?. Las imágenes
en las barriadas de los extrarradios de las grandes ciudades recuerdan
a situaciones de conflictos civiles, territorios comanches donde la
violencia impera con impunidad, los días de lucha contra el
apartheid, tristemente, vuelven a nuestras retinas. 62 muertos.1000
detenidos. 25 000 inmigrantes desplazados. Son sólo datos oficiales. ¿Cómo
ha podido ocurrir?. Negros contra negros, pobres contra pobres. Cuáles
son las señales que nos ayudan a salir del bosque y ver en su
totalidad qué es Sudáfrica hoy.
La ilustración de los 14 días de violencia en las calles, a través
de impactantes imágenes que buscan la mirada de sus lectores o espectadores,
no son suficientes para comprender. Nelson Mandela ayudó a construir la
esperanza africana, un modelo de democracia progresista instaurada en 1994, pero
quizás Carlos Gardel tenía razón cuando cantaba 20 años
no son nada, quizás 14 años no son suficientes. El país
sudafricano disfruta de una de las constituciones más progresistas del
mundo. En el que se dispone la igualdad de las personas y la exclusión
de la discriminación por raza o género. Tras 60 años bajo
el sistema apartheid de discriminación racial, impuesto por los blancos,
reglada por una cultura de violencia política, resurgió un nueva
nación, cimentada bajo un arco iris que simboliza su multiracialidad en
blancos, negros, asiáticos, y donde se reconocen la oficialidad a 11 lenguas.
Pero sobre el terreno nos topamos con una dicotomía nacional. Institucionalmente
Sudáfrica ha conseguido romper con la exclusión por motivos de
raza y género, su transpolación a la sociedad no es todavía
un hecho.
La historia de Sudáfrica está inmersa en una constante división,
cultural y racial. Blancos contra negros, zulus contra Xhosas, boers contra ingleses.
El 79% de la población es negra, el 9.6% blanca. La población blanca
sigue manteniendo el control de los recursos, a pesar del establecimiento de
políticas para fomentar una clase media negra, iniciativas como la promoción
estatal de proveedores empresariales negros sobre blancos, sólo unos pocos
han conseguido una emancipación económica y entrar en la nueva
clase media negra. El 60% de la población vive por debajo del índice
de la pobreza establecido por la ONU (un dólar al día). Cerca del
30% de la población está en el paro, según la Organización
Internacional del Trabajo. A pesar del aplaudido progresismo institucional de
la democracia sudafricana, la mayor parte de la sociedad está atrapada
en la miseria, un nuevo purgatorio para los perdedores de la nueva Sudáfrica.
El ANC, partido en el poder desde las primeras elecciones democráticas,
reconocido mundialmente por ser el partido de Nelson Mandela, es una coalición
de fuerzas ideológicas de izquierdas. La liberación del apartheid
no sólo supuso el reconocimiento de la igualdad de los ciudadanos, también
la esperanza de que un gobierno de izquierdas pudiera acabar con la desidia e
injusticia socioeconómica a la que había estado condenada una gran
parte de la sociedad sudafricana. Acabar con la pobreza y la exclusión
para renacer en un sociedad igualitaria. Tierra de oportunidades para los africanos
fueron los estandartes de la nueva política sudafricana. Pero 14 años
no son suficientes. La desigualdad económica se acentúa años
tras año, desde la caída del régimen apartheid. Los actos
racistas no han dejado de denunciarse en las escuelas primarias y universitarias.
Las esperanzas se han diluido en una mar de criminalidad, corrupción y
desidia administrativa. Los perdedores siguen siendo los mismos en la nueva Sudáfrica,
y son reconocidos por su raza y por el lugar donde viven. Alexandra no es cualquier
lugar.
Las divisiones del país también son dibujadas sobre su territorio
físico. Sudáfrica es un país descentralizado en 9 provincias,
Johannesburgo pertenece a la provincia de Gauteng, rica y motor económico
del país. Las ciudades sudafricanas son espacios, a su vez, descentralizados
físicamente y socioeconómicamente. Los cascos antiguos, los centro
de negocios, y los conocidos townships (suburbios a las afueras de las ciudades),
son islas donde se asientan las diferentes clases económicas y raciales.
Soweto es la township más conocida internacionalmente por sus combates
contra el apartheid, como Alexandra, son la representación de la continúa
lucha por las libertades y la igualdad. A 13 kilómetros del centro de
Johannesburgo y con una extensión de no más de 7 kilómetro
cuadrados y cerca de 500 000 residentes, Alexandra fue el lugar elegido por Nelson
Mandela para residir en los años 40. Donde todo empezó no es cualquier
lugar en el territorio del país al sur del continente africano.
Alexandra es una township muy activa políticamente, el 70% de los residentes
de Alexandra está adscrito algún partido. Las asociaciones cívicas
son parte integrante de su vida diaria. No es aleatorio que el actual presidente
de la república, Thabo Mbeki, lanzara en el 2001 un proyecto de renovación
para recuperar económicamente y socialmente a la empobrecida Alexandra.
Limpiar las contaminadas aguas del río que cruza la barriada, aguas utilizadas
por gran parte de sus habitantes, y que habían provocado graves problemas
de salubridad. Ampliar el alcantarillado, el suministro de electricidad y agua
a todo el suburbio, la construcción de centros cívicos, … Alexandra
fue elegida para ser una modelo de renovación nacional, porque no es cualquier
lugar. La escasez es el adjetivo que mejor define las realidades cotidianas de
esta township, y que se pueden extrapolar a cualquier township sudafricana. El
95% de las residencias en Alexandra son construcciones de baja calidad, y más
del 50% son asentamientos ilegales. En las zonas más depreciadas de la
township habitan 81 000 personas por kilómetro cuadrado. Menos del 20%
de las casas tienen acceso a un váter privado. El 65% de los residentes
en Alexandra están en el paro. Más del 50% son analfabetos procedentes
de zonas rurales en busca de oportunidades en la ciudad. La vida mísera
sin servicios básicos es además golpeada por los altos índices
de criminalidad. Robos, violaciones, abusos de menores están presentes
en la cotidianidad de los residentes de Alexandra.
Sí, es en Alexandra donde empezó la violencia racista contra el
inmigrante. Pero ¿cómo se sucedieron los acontecimientos?, ¿qué provocó la
erupción de la violencia?. Hace 5 años España sufrió una
semana de terror en las calles de una pequeña población almeriense
llamada El Ejido. El asesinato de una joven, apuñalada por un joven marroquí enfermo
mental de 20 años desencadenó los actos violentos racistas de persecuciones
de magrebíes, incendio de algunos coches y chabolas y cortes de carreteras.
Pero cuál es el hecho incendiario del racismo en las calles de Alexandra. ¿Han
sido sólo actos xenófobos?.
Testimonios de residentes de Alexandra relataron como los problemas en la zona
empezaron el sábado 10 mayo, cuando algunos extranjeros convocaron una
reunión para discutir sobre los problemas con los residentes locales,
y sus temores a ser atacados. Según apreciaciones de testigos de la zona,
esa reunión pudo provocar malestar entre algunos residentes sudafricanos,
los cuales salieron en grupo a las calles para atacar a aquellos que creían
eran extranjeros. El lunes una pandilla de cerca 1 000 personas salieron con
cuchillos y machetes para acosar a los inmigrantes. Inmigrantes nacionales y
foráneos. También sudafricanos de otras partes del país
fueron blanco del vandalismo. Descendientes de las etnias Shangaans,Tswana, Pedis
y Xhosas fueron exhortados “a volver a Limpopo", lugares originarios
de esas etnias . Hasta el mayo negro, Alexandra había sido presentada,
en algunos foros, como ejemplo de tolerancia por su particular multiculturalidad,
comunidad donde residen etnias sudafricanas y nacionales de otros países
del continente africano. La fuerza étnica mayoritaria representando el
30% de los residentes de Alexandra es la Zulu, acusados de ser los principales
incitadores de la limpieza. Pero por qué ahora.
La opacidad de la correlación de los hechos y su rápida dispersión
ha provocado la obertura de una investigación, por parte de la Agencia
Nacional de Inteligencia (NIA), para descubrir las raíces de los actos
de violencia xenófoba. Algunos miembros de la administración, reconocieron
que había “evidencias concretas” de la involucración
sospechosa de una “tercera fuerza” en los ataques. El portavoz provincial
de Gauteng del partido gubernamental ANC denunciaba, a los días de los
primeros ataques, que había habido una “mano negra” para desestabilizar
las comunidades en la provincia, según el líder provincial del
ANC había recibido informes de sus ramas y miembros en el terreno.
Los recientes actos violentos, tildados “xenófobos”, han sido
deliberadamente desencadenados a la vista de las próxima celebración
de elecciones el año que viene, denunció el director general de
la NIA, Manala Manzini, durante una conferencia con directores de Agencias de
Inteligencia africanas en Ciudad del Cabo. Manzini recordó que durante
la campaña de las primeras elecciones democráticas de 1994, "elementos" que
apoyaban al régimen apartheid distribuyeron armas en los townships para
utilizar contra las comunidades. "Estamos empezando a ver que esos movimientos
están ocurriendo regularmente en los townships, donde la gente empieza
a organizarse, y provocar e incitar el desencadenamiento de actos violentos.
Eso empezamos a constatar." Manzini resaltó que a pesar que los medios
de comunicación han definido la violencia como xenófoba, el problema
es más complejo que eso, porque sudafricanos descendientes de Xhosas y
Vendas también han sido blanco de los ataques. “Así no podemos
definirlo como xenofobia, es una definición demasiado limitada para entender
lo que ha pasado.”. “Creemos que como Sudáfrica se está preparando
para otra elección nacional dentro de 9 meses, la llamada violencia de
negros contra negros, de la que fuimos testigos durante la campaña electoral
de las primeras elecciones en 1994, ha sido deliberadamente orquestada y desencadenada.”.
A la pregunta si las fuerzas de inteligencias habían fracasado en anticiparse
a la explosión de la violencia, contestó: “Absolutamente
no”. Explico que desde enero la NIA ha alertado de “de serios problemas,
especialmente en Alexandra".
Una de las posibles causas incendiarias del vandalismo contra los extranjeros
en Alexandra, y otras partes del país, es la extendida corrupción
en la distribución de casas para los más desfavorecidos, puesto
en marcha por el gobierno de Mbeki. Las listas de espera para conseguir un alojamiento,
con los servicios básicos de salubridad, son demasiado largas. El pago
de sobornos para pasar a ser primero de la lista son habituales. Para Manzini
la noticia de que un extranjero había conseguido cuatro casas, a través
de sobornos, las cuales alquilaba, pudo originar un profundo malestar entre la
comunidad de Alexandra. La precariedad de recursos genera demasiada presión
sobre los potenciales beneficiarios, y “como la gente no encuentra los
canales para denunciar sus problemas, recurre a la violencia”, según
el punto de vista de Manzini. Pero a su vez, el director general de NIA quiso
dejar claro que los actos no fueron fortuitos y espontáneos. “Hubo
organización… tenemos los nombres de personas que convocaron reuniones”.
El ministro de los servicios de inteligencia, Kasrils, reiteró las palabras
del director general de NIA. Comentó que no hay duda que hay factores
socioeconómicos involucrados, y estos tendrán que ser abordados
a largo plazo, también “había elementos puramente criminales
en los acontecimientos, y al mismo tiempo, estamos investigando cuidadosamente
otras fuentes movilizadoras de algunos actos relacionados con movimientos políticos.”. “No
estoy apuntando que algún partido esté involucrado, no lo creo.”. “Pero
a nivel de las comunidades, a esos niveles de las organizaciones, encontramos
personajes que actúan de una forma muy anárquica.”. “Y
eso es lo que estamos investigando”. “No es fácil descubrir
que ha pasado, cuando tienes grupos organizados que conocen y entienden como
comportarse de una forma clandestina.”.
La dimensión alcanzada en la movilización y extensión de
los actos violentos en tan pocos días deja dudas sobre el desarrollo de
los acontecimientos que, indudablemente, una investigación de la INA será clave
para esclarecer las sombras de lo sucedido en el mayo negro. Pero algo más
ha sacado a la luz los hechos en Alexandra, la incapacidad policial. La policía
se encontró impotente ante los actos violentos, recurriéndose al
ejercito a la semana de un total descontrol policial de los lugares donde se
sucedían el asesinato y acoso de extranjeros. Según expertos policiales
la explicación hay que atribuirla al desmantelamiento, iniciado en el
2006, de los servicios policiales sudafricanos (SAPS), dejando a los oficiales
mal equipados para hacer frente a la ola de violencia xenófoba que ha
desolado al país en dos semanas. Dichos expertos policiales han estado
alertando que la reestructuración del 2006 ha paralizado la capacidad
policial para hacer frente a disturbios públicos. En su momento se dijo
que la reestructuración era una respuesta a la caída del número
de los disturbios, y se redujo drásticamente el número de oficiales
operativos dentro de las unidades especiales para combatir el crimen (CCUs),
mandando cerca de la mitad de ellos a estaciones policiales municipales. En el
2007 un estudio del Instituto para los Estudios de Seguridad (ISS) apuntaba las
carencias de la SAPS, antes de la reestructuración. Según dicho
informe, la unidad en Gauteng consistía en 1 383 miembros operativos en
siete subunidades emplazados en las diferentes áreas de la provincia.
La reestructuración redujo el número de subunidades a tres y el
número de oficiales a 614. “Aunque el reemplazamiento se basó en
la creencia de que los incidentes de vandalismo se habían reducido, los
datos mostrados en el informe reflejan que en realidad aumentaron un 64% entre
el 2002 y el 2005.” El apelativo de ciudades sin ley puede atribuirse a
las townships como Alexandra, junto al desmantelamiento del control policial
y a la presencia de altos índices de corrupción en la policía,
los criminales encuentran en los suburbios cómodos espacios donde actuar
con total impunidad.
Las respuestas administrativas a esta situación de emergencia, con más
de 200 000 desplazados, según ONG's, albergados alrededor de las comisarías
policiales en tiendas de campaña, será una buena prueba de la capacidad
de reacción de las instituciones sudafricanas. La precariedad socioeconómica
de la mayor parte de la población sudafricana, sumergida en una larga
agonía, son retos en el cercano horizonte sudafricano que pueden provocar
revueltas y estallidos de desesperación en un escenario electoral. 14
años no son nada.